Y me enseñaron a jugar con el espacio. INSTALACIONES

Por que me gusta mirar hacía atrás

Hubo un tiempo, hace ya muchas lunas, que el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla impartía Talleres de Creación Artística y fueron ellos los que me mostraron ese “género” llamado Instalación. En concreto el taller de Soledad Sevilla, artista a la que admiro profundamente. En el taller desarrollábamos ideas y alguna propuesta la llevamos a cabo.
Se me ocurrieron millones de propuestas, malas, buenas, regulares y sobretodo inviables por falta de recursos.

Mi propuesta fue “La fuente del olvido” donde claramente se ve la influencia de la “Maestra”.
Paseando por el monasterio encontré unos espacios oscuros con una pequeña ventana cubierta de yedra. Era un lugar tan silencioso que decidí intervenirlo. Habían sido celdas de monjes y pese a tener un valor arqueológico no me pusieron problemas para utilizar ese espacio, lo único que no podía hacer era clavar nada en la pared.
Y pensé… pues la llenó de agua. Y así lo hice.
Lo mas emocionante es la tarea de resolver inconvenientes, pensé y pregunte mucho y conseguí hacerlo. Con muchos metros de plástico negro, unos cuantos metros de listones, grapadora y juntas de metal para unir los listones tuve suficiente para convertir el espacio en una balsa/espejo. La yedra que cubría la ventana la deje entrar al recinto. El espacio invitaba a descalzarte y pasear por el.

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Al año siguiente, creo (el tiempo hace que se te enreden los años), participé en otro taller “ Ceramista antes de Artista” con Pepa Rubio

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Trabajamos peinando el “huerto” en busca de basura arqueológica, pedacitos de cerámica perteneciente a distintas etapas históricas, pues este lugar fue una escombrera, donde se tiraba restos cerámicos de la antigua fábrica.
Una vez “rescatados” los limpié, clasifiqué y reinterpreté su funcionalidad .
En los restos de esta celda conocida por «la celda del monje leproso» ubiqué una plantación de florecillas, tótem y personajillos, Reciclando y reinterpretando la identidad de la materia y el espacio. El fragmento como huella de otro tiempo,

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De todos los fragmentos seleccione los que eran blancos y mas o menos planos. Con mucha paciencia los fui uniendo y encajando con silicona caliente. Así conseguí una pantalla de proyección. Durante el taller fotografié los trabajos realizados para ser proyectados en esta pantalla que nos volvía a mostrar imágenes fragmentadas.

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Y de todo esto surge el proyecto que me traigo entre manos «los vacíos de la historia» que por ahora está en mi cabeza y pronto empezaré a materializar. Aunque del dicho al hecho hay mucho trecho…..

Ana Cantalapiedra

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